DIOS VIVE EN LA CIUDAD

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domingo, 25 de enero de 2009

LA TEOLOGÍA PASTORAL URBANA, huellas de un camino recorrido

En los últimos años hemos visto en nuestro continente latinoamericano cómo ha ido surgiendo una reflexión teológico-pastoral que ha acompañado diversos procesos eclesiales en la búsqueda y desarrollo de una acción evangelizadora en las grandes ciudades. Numerosos teólogos pastoralistas, a través de sus esfuerzos de aproximación al fenómeno urbano, su discernimiento pastoral y su participación en procesos eclesiales concretos, han afrontado el desafío que las grandes ciudades latinoamericanas plantean a la Iglesia y han trazado lentamente un camino que es importante reconocer y retomar a la hora de asumir actualmente el reto de una pastoral urbana.
Aparentemente es poco lo reflexionado al respecto, pero al observar el horizonte, no podemos dejar de mencionar, entre muchos, algunos nombres significativos, que resuenan en este itinerario de búsqueda: Jorge Jiménez, Raúl Méndez, Eduardo Peña y Francisco Niño, en Colombia; Pedro Trigo, en Venezuela; Jorge Seibold y Carlos Galli, en Argentina; Segundo Galilea y Cristian Parker en Chile; Antonio González, en Paraguay; Benjamín Bravo, Abel Fernández, Alfonso Vietmeier y Francisco Merlos en México. Pero de manera particular sobresalen, por sus valiosas intuiciones y por su constancia para impulsar esta reflexión: José Comblin, Alberto Antoniazzi, Raimundo Caramuru y João Batista Libanio, en Brasil.
También han sido significativos los momentos y espacios de encuentro que se han tenido a nivel regional y a nivel continental, con el fin de compartir, articular y enriquecer las propias reflexiones. Desde el primer encuentro realizado sobre el tema, y convocado por el Instituto Pastoral Latinoamericano (IPLA) en São Paulo (1965), hasta el 1r. Congreso Interamericano de Pastoral Urbana, organizado por el Espacio de Pastoral Urbana y la Universidad Pontificia de México, en Ciudad de México (2001) y el II Seminario sobre Pastoral de Megápolis, convocado por el CELAM en Santiago de Chile (2003).
Otro espacio de reflexión de la problemática pastoral urbana ha estado en los procesos sinodales que han realizado diversas diócesis urbanas en el continente, y que les ha permitido pensarse y repensarse a sí mismas en relación con la cultura urbana.
Esta memoria teológico-pastoral, que ha venido constituyendo una verdadera “teología pastoral urbana” debe convertirse hoy para nosotros en una fuente y espacio de investigación y de diálogo pastoral; de tal manera que, al ir sistematizando los diversos puntos de vista, las intuiciones, las perspectivas articuladoras, las experiencias realizadas, nuestro discernimiento pastoral, más allá de seguir el riesgo de la fragmentación, se fundamente, tanto en la Palabra de Dios, como en lo que el Espíritu ha ido haciendo surgir a través de la acción y reflexión pastoral en las grandes ciudades, a lo largo de los últimos años.
Aproximación al fenómeno urbano
Todo intento de reflexión y sistematización de la pastoral urbana parte de una pregunta: ¿qué es la ciudad?, o mejor aún: ¿qué es el fenómeno urbano? [1] . Dentro del proceso y evolución del discernimiento teológico-pastoral, los pastores y teólogos han intentado responder esta pregunta recurriendo a la ayuda de las ciencias humanas. Este ejercicio de interdisciplinariedad les ha permitido tener en cuenta unas problemáticas y unas categorías de análisis, que luego han sido mediación para el ejercicio teológico-pastoral y que manifiestan la complejidad del campo de la acción evangelizadora.
Podemos identificar básicamente tres enfoques complementarios que han orientado esta aproximación al fenómeno urbano:
Epistemológico
En primer lugar se ha planteado el problema epistemológico, reconociendo las dificultades que plantea el conocimiento mismo de la ciudad y, por tanto, la necesidad de un trabajo interdisciplinar que fundamente la reflexión teológica y promueva la constante actualización.
Se reconoce que el conocimiento de lo “urbano”, fundamento de la reflexión pastoral, va más allá de una simple percepción inmediata y de una captación de datos, y se abre a todo un proceso epistemológico complejo que integra diversas categorías geográficas, económicas, políticas, socio-culturales y religiosas; que debe atender a los aspectos comunes y a los particulares, a componentes estructurales y coyunturales, así como a los diagnósticos precisos y sistemáticos, globales y sectoriales, seculares y religiosos, y a las proyecciones sobre los mismos. [2] Además, al considerar la ciudad dentro de un contexto más universal, como el campo experimental privilegiado de los avances de la modernidad, la posmodernidad y de la globalización, se afirma entonces que no puede haber un estudio que no tenga en cuenta sus tendencias y repercusiones. [3]
Histórico
En segundo lugar se ha hecho una aproximación histórica, puesto que la ubicación de la ciudad dentro del contexto de la historia regional y universal, ha sido un recurso para que algunos teólogos fundamenten sus reflexiones, reconociendo las categorías permanentes o esenciales del fenómeno y sus aspectos coyunturales, así como los procesos de transición que ha vivido.
Es un hecho, que las urbes latinoamericanas encuentran las raíces de su identidad, no sólo en el proceso de industrialización vivido en el siglo XIX, sino también en los acontecimientos de su colonización española o portuguesa y en los procesos de independencia y vida republicana, que han dejado su huella en ellas. [4] Esta visión histórica es cuestionada por algunos, que desconfían de una reflexión que tenga como presupuesto la continuidad fundamental de la ciudad desde los tiempos bíblicos hasta hoy, dada la complejidad y la especificidad de la ciudad contemporánea, y postulan la necesidad de estudiar cada ciudad en su momento histórico, en su dinámica específica, en sus complejas relaciones con el sistema político-económico mundial actual [5] .
Antropológico
En tercer lugar, la reflexión teológico-pastoral ha asumido la ciudad, antes que como un ente en sí mismo, como un «fenómeno humano»; es decir, en su relación con el hombre concreto, que se constituye en origen, razón, autor, actor, producto y víctima de la ciudad.
Desde este punto de vista se han reconocido unas categorías que son constitutivas del fenómeno urbano, que generan un ambiente específico y un perfil antropológico dominante. Algunas de esas categorías, a las que se hace referencia con frecuencia, son: la explosión demográfica y la consecuente densidad de población, el cruce de mentalidades agrarias, modernas y posmodernas, el desarrollo y especialización de las funciones y sujetos sociales; la expansión de las comunicaciones y su constitución como red abierta y global, la movilidad y desplazamiento internos y externos, la fuerza del mercado y del consumo, las formas de participación ciudadana, el desarrollo de las estructuras económicas, sociales y culturales; la diversificación de culturas, pensamientos, ofertas, posibilidades en todos los aspectos de la vida, las redes simbólicas que se tejen y los imaginarios urbanos que las generan.
El sujeto urbano que se constituye, y que los teólogos y pastoralistas identifican como interlocutor de la pastoral urbana, dependiendo del proceso de inserción en esta cultura urbana, está marcado por la exaltación de su subjetividad; realidad ambigua, puesto que por una parte lleva al individuo a reconocerse a sí mismo como responsable de su propia construcción y destino, pero por otra, en la búsqueda de su individualidad se encuentra ahogado en medio de la multiplicidad de ofertas que lo hacen un sujeto fragmentado, sin referentes auténticos de sentido, y en una permanente modificación de sus relaciones con los demás y con la naturaleza; en una nueva comprensión y relación con el tiempo y con el espacio. Un sujeto que vive su experiencia religiosa en un contexto de pluralismo religioso, de religiosidad popular, de pérdida de la dimensión social de la religión o privatización de la religión, como lo llaman algunos, y de re-significación de las expresiones religiosas tradicionales.
Un sujeto que vive en la tensión entre lo público y lo privado, entre su mundo vital y el sistema que lo rige; un sujeto que experimenta, en su gran mayoría los procesos de exclusión social, y en medio del espectáculo, la belleza, el mercado y la novedad que le ofrecen la ciudad, lucha por vivir su libertad.
Pistas sugeridas en el discernimiento pastoral urbano
Con base en las aproximaciones al fenómeno urbano, se han desarrollado una serie de pistas de discernimiento que señalan posibles comprensiones y proyecciones de la tarea evangelizadora de la Iglesia en las grandes ciudades del continente.
Algunos elementos comunes a dichos discernimientos son:
el reconocimiento del desfase en que se encuentra la oferta evangelizadora y las reales necesidades de evangelización señalas en las aproximaciones a la realidad urbana;
la necesidad de reconocer y restablecer el sentido profundamente antropológico que encierra la ciudad;
el desafío de llevar a cabo una verdadera inculturación del Evangelio, a partir de un discernimiento evangélico de la cultura urbana, evitando tanto una descalificación absoluta de la misma misma, como una asimilación ingenua.
El desafío de generar una eclesiología, para una Iglesia más “urbana”, referida a la concreción del Reinado de Dios en el contexto de las ciudades, en una revaloración de la Iglesia local y su relación con la ciudad, como históricamente se desarrolló [6] .
La necesidad de una renovación de los modelos pastorales, marcados aún por la comprensión agraria de la religión, y de las estructuras pastorales, de tal manera que se adapten mejor al sujeto y a las dinámicas de la vida urbana.
El desafío de generar una lectura teológica de la ciudad, que como una lámpara, vaya iluminando los caminos posibles para recorrer y llevar a cabo la acción misionera y pastoral.
Y junto a estos aspectos comunes también podemos identificar marcos específicos de comprensión de la problemática pastoral urbana, que han servido y pueden servir para entender muchos de los problemas que estamos teniendo actualmente y sobretodo, que pueden ayudarnos en la generación de procesos pastorales más creativos. Algunos de esos marcos de comprensión son:
La transformación de la experiencia religiosa urbana: Para algunos autores es fundamental el reconocimiento del cambio que hay en la experiencia religiosa, puesto que la religiosidad del hombre urbano no se basa en la experiencia de la limitación humana, como pasa en la vida del campo, y que conduce al reconocimiento de la necesidad de Dios en la vida, sino que la experiencia del poder humano sobre la naturaleza por medio de la técnica, generada por la ciudad, con el consecuente sentimiento de autosuficiencia humana, choca con un discurso pastoral que pretenda presentar a Dios como una necesidad. Todo esfuerzo por presentar el mensaje cristiano, como una intervención gratuita de Dios en la historia personal, de tal forma que interpele a esta nueva cultura, se podría llamar pastoral urbana [7] . Este desafío se hace más complejo cuando se reconocen las dinámicas de resignificación de lo sagrado, en las cuales las cosas seculares han sido cargadas de sentidos religiosos y por el contrario, las cosas tradicionalmente reconocidas como sagradas, han sido vaciadas de sus sentidos religiosos y se ven sólo con una mirada secular.
La ciudad, como escenario de la transición cultural, confronta y desafía la mentalidad, las formas y las metodologías de la evangelización: es fundamental el reconocimiento del cambio que estamos viviendo en las formas como los sujetos se entienden a sí mismos, actúan y se expresan, modificando el estilo de relación con los demás, con los espacios, con las temporalidades y con Dios. Rastrear cada uno de estos aspectos y confrontarlos en sus implicaciones con la presencia y acción eclesial se convierte en una tarea por hacer [8] .
De manera particular, existen tres desafíos que plantea esta transición cultural: la multiculturalidad, el pluralismo de ofertas religiosas y la situación de pobreza y exclusión que se ha generado. La Iglesia como comunidad, debe aprender y enseñar a vivir en medio de esa diversidad, y debe comprometerse en la eliminación de las situaciones de exclusión, mediante una pedagogía y una pragmática inculturadas [9] .
El profundo sentido antropológico que encierra la ciudad, marca el camino a seguir en la pastoral urbana: la ciudad es una construcción humana y refleja las aspiraciones más profundas del hombre. Sin embargo, muchos aspectos sociales y culturales están generado, por el contrario, un proceso deshumanizador, hundiendo a los ciudadanos en un caos e impidiéndoles ser constructores de posibles sentidos de la existencia más humanos y de una realidad social más justa y solidaria, desde los valores de la dimensión trascendente de la existencia. La Iglesia está llamada a reconocer este proceso, que se da sobretodo a nivel de la dimensión simbólica de la existencia social, y a ofrecer el Evangelio como una alternativa de sentido al caos en que viven los ciudadanos. Esta tarea le exige una actitud de permanente discernimiento de las dinámicas generadoras de sentido que ya el Espíritu ha suscitado en los contextos de exclusión, una gran capacidad de adaptación de sus estructuras y la generación de nuevas simbólicas que le permitan presentarse como una comunidad alternativa al caos, con rostro solidario y humano, auténtico sacramento de salvación [10] .
Algunas constantes
Es interesante anotar que todas las reflexiones se generan a partir de la actitud honesta de aceptar que no se conoce la ciudad y que las acciones pastorales, a pesar de la sincera voluntad evangelizadora, no convergen con la vida y la problemática de la ciudad. De ahí la necesidad de recurrir a las búsquedas que el hombre mismo ha hecho sobre la problemática urbana, desde las ciencias sociales. El fenómeno urbano no es sólo un problema de la Iglesia, como decía Pablo VI, es un desafío a la sabiduría humana, a su capacidad de organización y de imaginación prospectiva. [11]
Pero el desafío no sólo está a nivel del conocimiento de la ciudad, sino también de la misma reflexión teológica. Es necesario continuar en la búsqueda iniciada por José Comblin, en su libro Teología de la ciudad, de una lectura desde el ámbito de la revelación sobre la ciudad, que permita descubrir su sentido más profundo y su vinculación con la economía de la salvación, sobretodo en la imagen de la Jerusalén Celestial, la ciudad que nos viene de lo alto (cf. Ap 21). Junto a esta lectura, también está el clamor por una eclesiología que permita a la comunidad eclesial comprenderse a sí misma ni frente, ni contra, ni al margen de la ciudad, sino presente y actuante como servidora del Reino que acontece en el complejo entramado urbano; en el ejercicio real de la caridad y del testimonio cristiano, y que le permita abrirse a un trabajo ecuménico y con otras fuerzas vivas, por la reconstrucción de la ciudad; una visión de la comunidad eclesial como Iglesia local, y en relación a la Iglesia universal, que genere una identidad tanto a nivel personal, como social o público.
La mayoría de las reflexiones realizadas ponen en cuestión la simplificación de la problemática con el uso de los conceptos de “evangelización de la cultura urbana” e “inculturación del Evangelio en la ciudad”. Hay quienes aplican estos conceptos de manera genérica, sin pensar suficientemente en sus implicaciones específicas, y otros, a partir de cada categoría urbana, van viendo las implicaciones que se desprenden para la evangelización. ¿Cómo entender el problema de la evangelización de la cultura urbana, cuando esa cultura es un sujeto complejo, que tiene como característica valores dominantes y globalizantes, pero a la vez, un constante cambio y re-interpretación de los mismos, a nivel individual y social?
Estos son sólo algunos aspectos que encierra el campo de la reflexión teológico-pastoral-urbana. Una reflexión, que aunque inició en nuestro continente hace cuarenta años, tiene toda la actualidad y apenas está comenzando. Una reflexión que hay que enriquecer con las luces que nos vienen desde otros continentes. Una reflexión que a la manera de un laberinto, nos lleva al descubrimiento de nuevos corredores que hay que explorar y de nuevos espacios por reconocer. Un ejercicio teológico que estamos llamados a continuar nosotros hoy. Una reflexión, que aunque nos habla de una realidad que nos desborda en nuestro compromiso eclesial, nos pone en camino de creación y compromiso, de actitud confiada en el Espíritu, como lo vivieron los primeros cristianos cuando expandieron el Evangelio por las ciudades del Imperio Romano y se jugaron sus vidas por ello. Duc in altum.


[1] Entendemos «ciudad», como una realidad geográfica-social, «fenómeno urbano» se refiere al dinamismo que se genera en y desde la ciudad, y que se constituye en una cultura dinámica, dominante, y expansiva; «urbanización» es el conjunto de fenómenos que se dan ante el crecimiento del número de ciudades y de la vida misma de las ciudades, tanto en sus aspectos físicos, como en los socio-culturales.
[2] Cf. A.A.V.V., «A cidade moderna e a religião», en A presença da Igreja na cidade, Petrópolis 1997, 51.
[3] Cf. J.B. LIBANIO, «A Igreja na cidade», Perspectiva Teológica 28(1996), 11.
[4] Cf. A.GONZALEZ, «Una Iglesia más evangelizadora en las grandes ciudades de A.L.», Medellín 9/33 (1983), 102; F. NIÑO, La Iglesia en la ciudad, PUG, Roma 1996, 89-136.
[5] A. Antoniazzi, cita en este aspecto a Giordano FROSINI, Bebele o Gerusalemme? Per una teologia della città, EP, Roma 1992.
[6] Cf. J. COMBLIN, Teología de la ciudad, VD, Estella 1972.
[7] Reflexión hecha por S. Galilea. Cf. S. GALILEA, «La urbanización y la Iglesia. Reflexión pastoral», 107-109. Y por Cristian Parker.
[8] Es el pensamiento desarrollado por J.B.Libanio y A.Antoniazzi.
[9] Propuesta presentada por Jorge Seibold en «Pastoral comunitaria urbana. Desafíos, propuestas, tensiones», Stromata 57(2001), 47-82.
[10] Es la visión en la que se identifican de cierta manera: José Comblin, Benjamín Bravo y el Espacio de Pastoral Urbana, Raúl Méndez,
[11] Cf. OA 10.

2 comentarios:

Oscar Javier dijo...

“Un ejercicio teológico que estamos llamados a continuar nosotros hoy…”

Ruego a Dios por ese nosotros, nosotros que implica a todos los cristianos y que no corresponde sólo a la labor de unos cuantos doctos teólogos… pero ¿Cómo enseñar a pensar desde las categorías de discernimiento propias de una pastoral urbana? Porque para muchos el trabajo en la ciudad se reduce a la repetición de esquemas o a la presentación de una simplona propuesta de fe, que dista mucho de reconocer la autenticidad del sujeto urbano y aún más de la necesidad de un discernimiento adecuado de la realidad… entiendo lo que dice acerca de que se trata de una temática reciente, pero a mi desde mi lugar actual en un proceso formativo, me cuestión ver como aun para muchos el tema no se problematiza; sin embargo veo con esperanza el surgir de propuestas como la de los laboratorios de pastoral urbana…

Bueno no quiero extenderme más, bien por el blog, por favor saque tiempo para desarrollar la reflexión y compartirla, para mi este artículo es un abrebocas, la introducción, espero ver pronto por aquí un interesante desarrollo, no porque este no lo sea, sino por el reto que representa hablar del tema…

Un abrazo y bendiciones.

Jesus dijo...

Estimado Padre Jaime Mancera:

Quiero contactar contigo pero no veo tu email.

Espero que te recuerdes de mi en la Ponti. ahora coordino la maestría en pastoral urbana en el ISEE de la Arq. de Mexico.

Profr. Jesús Serrano
1@eticahoy.com